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Una Resolución a favor del café cubano: en peligro
de extinción.
Lic. Ernesto A. Vera Rodríguez
Santiago
de Cuba, 1 de julio de 2010 -
Cada día que pasa me convenzo más de la poca
seriedad y objetividad del periodismo oficialista
cubano. Al leer un editorial del periódico Juventud
Rebelde del 11 de abril del 2010, me detuve en el
artículo: “Directo al grano” de Lisván Lescaille,
Haydée León y Osvaldo Riquenes.
Lo primero que me salta a la mente es por qué un
escrito tan absurdo y carente de ideas como éste fue
suscrito por 3 personas, en momentos que el régimen
cubano ha “profetizado” el despido de más de un
millón de trabajadores. Debería Raúl Castro empezar
por casa y evitar que los artículos periodísticos de
sus voceros den empleo a una cantidad mayor que la
requerida para tales casos.
El artículo en cuestión trata la crítica situación
que presenta el cultivo del café en nuestro país,
pero más que ir directo al grano, va encaminado a ir
directamente a una mentira largamente trillada por
la dictadura castrista: su seria preocupación acerca
de los problemas que enfrenta la agricultura en Cuba
y sus esfuerzos por dar alternativas viables y
eficaces para su solución.
El café es el segundo producto más exportado después
del petróleo, si se considera su valor en dólares.
Cada año se cultivan más de 7.000.000 de toneladas
de granos de café en todo el planeta.
No es noticia que en las últimas décadas las
producciones del grano experimentan retrocesos
continuos, dados fundamentalmente por la desidia del
gobierno, a lo que se ha sumado debido a la
insuficiente concreción del programa de
reordenamiento cafetalero, con sus exigencias de
rehabilitación (reposición de las plantas que se
malogran) y renovación de áreas (plantar de nuevo el
cafetal, generalmente por envejecimiento de las
plantas) y la carencia de viveros para su fomento.
En el año 2007 escuchamos decir al especialista José
A. González, del Grupo Empresarial de Agricultura de
Montaña, que había mejores condiciones para
reactivar la producción de este grano, desde que se
emitió la Resolución 154, del Ministerio de la
Agricultura, que comprende un grupo de medidas
económicas y financieras para mejorar el cultivo del
café. El especialista intentó justificar la baja
producción del café con el pretexto de las
intensas
lluvias caídas recientemente en la región oriental,
no vistas desde 1963, cuando pasó el ciclón Flora.
Sin embargo debemos tener en cuenta que en al año
1961 la cosecha ascendía a 60 mil toneladas, una
cifra incluso inferior a lo que se obtenía antes de
1959.
Ahora en el año 2010, el Ingeniero Agrónomo Joaquín
Matías Matos, jefe de Producción del Grupo
Territorial de Agricultura de Montaña, afirma que
“desde 2006 el país decidió un importante apoyo
financiero para rescatar esta producción, con 13
alternativas de financiamiento a las que puede
apelar el productor, de manera que no se trata de
una despreocupación estatal al respecto”.
Lo que sucede, explica: “resultan sumamente
engorrosos los trámites para acceder a unas de esas
vías de financiamiento. Excepto una operación, las
demás requieren de no se sabe cuántas
certificaciones que dependen no del productor, sino
de personal de otras instituciones, que además de
demorarse, muchas veces el campesino ni las
entiende”.
Ahora bien, llegado a este punto, no está demás
preguntarse: ¿Quién realiza las normas, el pobre y
humillado campesino cubano o el gobierno? ¿Quién
pone todas esas trabas absurdas tan difíciles de
entender y asimilar? ¿Qué significa el hecho de que
ni aún con las 13 “alternativas” de financiamiento
estatal se pueda garantizar el cultivo del café?
Quizás no debamos llamar despreocupación estatal al
rotundo fracaso de cuanta alternativa pone en
marcha, pero sí incompetencia estatal que demuestra
que el Estado no está para realizar las actividades
productivas, sino para apoyarlas, con políticas
concretas y transparentes. Sin embargo, esa desidia
abarca ya a la mayor parte de nuestros sectores
productivos.
Considero que la dictadura que hoy preside Raúl
Castro, en vez de pasarse todo el tiempo, culpando
a los demás gobiernos de cuanta desgracia cae sobre
nuestro pueblo y estar presentando año tras año una
Resolución absurda en la ONU, para que finalice el
embargo económico y financiero sobre Cuba, o como le
gusta más llamar: el “bloqueo”; debería en su lugar,
proponer una Resolución que condene al actual
bloqueo interno del régimen totalitario cubano, que
mediante injustas leyes hace padecer no sólo ya al
cubano de a pie, sino que están poniendo en peligro
de extinción al cultivo del café.
Ernesto A. Vera Rodríguez es Licenciado de Derecho
Director de la Biblioteca Independiente Dulce María
Loynaz.
Miembro de la Corriente agramontista de abogados
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